El ocaso del Estado
Son los propietarios del país quienes debieran gobernarlo
- John Jay, presidente del Tribunal Supremo Estadounidense.
Para nosotros palabras como subcontratación no nos son para nada ajenas por estos días. Basta recordar lo acontecido en materia laboral y sindical en los últimos cinco años para darnos cuenta que es un fenómeno altamente arraigado en el sector privado. Incluso ha llegado a ser materia de conflicto principal en la estatal cuprífera Codelco, debido a las hondas diferencias entre los trabajadores de planta, que cada día se reduce más, y los trabajadores que dependen de un (sub)contratista. Sin duda, la subcontratación es el pelo de la cola del apabullante progreso del neoliberalismo en el mundo, que ya ha dejado atrás en Chile el profundo proceso de privatización de empresas públicas (con la honrosa salvedad de Codelco) sufrido desde Pinochet hasta Lagos, y que terminó con una pujante industria que desde tiempos de los gobiernos radicales, y hasta Allende, fue el sustento más claro del desarrollismo chileno.
Estos procesos distan mucho de sólo ser cambios en lo meramente económico. Todo lo contrario, van directamente a la destrucción misma del Estado, cumpliendo con los ideales del infame doctor Friedman de la menor intervención estatal posible, al mismo tiempo que contrarian las pautas del keynesianismo llevadas a cabo en las décadas previas a 1970. Como lo afirma Naomi Klein en su libro La doctrina del shock, al neoliberalismo, tras acabar con los “apéndices del Estado” (a través de la privatización), no le queda más que imitar el proceso de subcontratación del mundo privado en el mismo aparato estatal, para así destruir el núcleo mismo de éste.
Mi profesor de Historia del Derecho, Bernardino Bravo, ya anticipó con su particular punto de vista este fenómeno, en lo que él denomina el “ocaso del Estado”. Pese a ser algo más amplio su concepto, ya que afirma que el Estado de ser un conjunto de “oficios” pasó a decaer al ser un conjunto de “oficinas”, y a ello se suma que la soberanía se ve mermada por los tratados internacionales, tiene muchos puntos en común con lo que planteo en esta columna. Esta debacle de la Administración se debe al desapego y derivación de funciones que le corresponden al Estado por definición, como por ejemplo la policía (como en Brasil, donde la policía privada es más eficiente que la pública) o incluso el mismo ejército.
Estados Unidos es el paradigma de la repartija del Estado a través de la subcontratación. Donald Rumsfeld, seguidor hasta la médula del neoliberalismo friedmanista, vendió prácticamente todas las funciones gubernamentales durante el mandato del (también neoliberal) presidente George W. Bush. El ámbito más notable es el ejército estadounidense. En Irak, los subcontratistas (civiles) de empresas privadas superan a los militares, y tienen funciones tan amplias como la alimentación de tropas con franquicias de comida rápida y los interrogatorios en la prisión de Abu Ghraib. Lo más terrible de todo es que con todo el dinero de los contribuyentes se financian los bolsillos de empresarios. Ah, olvidé decir que Rumsfeld es dueño de muchas de las empresas que han sido subcontratadas por él mismo. Y también el vicepresidente del período Bush, Dick Cheney. Veremos que sucede con Obama.
No es por ser pájaro de mal agüero, pero la dualidad empresario-político es digna de cuestionamientos. Por eso es que no quiero que Piñera llegue al poder en Chile. Muchas veces los conflictos de intereses en ámbas áreas llevan a acciones vergonzosas. Tal vez él sea el verdugo del Estado en nuestro país.
Documental relacionado
Iraq for sale: The War Profiteers
Nota: Todo documental recomendado en este blog ha sido visto en forma íntegra por su autor, y es aprobado por él mismo, sin embargo no es necesario que asuma como propias todas las opiniones vertidas en él.




Estimado Marco estoy de acuerdo contigo en lo que dices. Creo que todos los extremos son malos, es por eso que se debería mantener vigilada la participación del Estado y del Sector Privado en las distintas facetas de la realidad nacional (al menos en las relevantes). Creo que no existe ningún tipo de compatibilidad entre la actividad empresarial y la política, al menos cuando se trata de gente que posee una gran fortuna, en algún punto siempre chocaran los intereses de ambas actividades. No es nuevo para nadie que en el caso de Estados Unidos el sector privado manipule las esferas polícas del gigante del norte, a diferencia de lo que ocurre en nuestro país, en U.S no es una persona la que quiere participar del mundo político, sino que son gigantescas organizaciones que buscan como beneficiarse sancando partido de las distintas situaciones que ocurren en un momento determinado y si no existen se crean, ejemplo de ello es Irak), ejemplo claro de ello son las CMP (Compañias Militares Privadas) que como DynCorp y BlackWater se han enriquezido con la guerra de Irak. Asombrosas sumas de dinero del presupuesto nacional de U.S son invertidas en defensa y las empresas que normalmente que trabajan en esto, tienen presupuestos anuales que son el doble o el triple de grandes que el de muchos paises que son denominados Tercermundistas. Muchas veces los intereses políticos de U.S dan paso a los intereses de estás empresas, ejemplo cercano a nosotros ocurrió en 2007 cuando U.S mantenía a Chile como un posible aliado estrategico en la región, de esta forma la empresa Lockheed Martin ofreció (con previa autorización del ministerio de defensa y de la USAF) a Chile la posibilidad de comprar los avanzados cazas F-35 Lightning II.
A todas estas empresas le conviene que U.S esté en guerra con algún país para que así éste les compre sus “juguetes” de la misma forma en que lo hacen todos sus aliados, esta situación se viene repetiendo desde hece 50 o 60 años. Este ocaso del estado no se refiere a su fin concreto, sino a la lenta, agonizante y continua infección de la avaricia de gente que está fuera de la política la que lo invade día a día y que por desgracia es practicamente inparable. Ya sea en el poder o fuera de él las personas y empresas que tienen intereses son las que sigilosamente irán controlando la política y el desarrollo general de las sociedades.
Esto ya ocurre en el avanzado U.S, por suerte nuestro subdesarrollado Chile, (o como nos gusta decir: “en vias de desarrollo”) aún está a tiempo de mantener el rumbo del bien… Lo simpatico es que la forma de poder elegir ese camino esta en la elección…en la de todos los chilenos… Elijamos Bien!!!.
Carlitos!!!
9 febrero 2009 a 21:21
La columna advierte uno de los problemas más significativos que como humanidad debemos enfrentar. Se trata de la reducción del Estado y de su ámbito de acción. Esto debiese preocuparnos: Estado no es otra cosa que la organización de la sociedad, y debiese, por tanto, ser el espacio que nos puede garantizar los derechos y una convivencia pacífica; debiese ser una esfera pública que busca alcanzar mayores niveles de igualdad y libertad. Mi opinión es en cierto sentido controversial. “Críticos” han planteado que el Estado es la extinción de la voluntad privada a manos de un conjunto de oficinas que huelen a naftalina y están motivadas por la corrupción; otros han dicho que es un mecanismo de dominación, de una clase sobre otra.
Lo cierto es que el triunfo del neoliberalismo ha implicado la dramática minimización estatal de la que hoy somos testigos. En nuestro país, el desmantelamiento comienza bajo la dictadura. Se trata, como lucidamente señalara Mario Góngora, en su “Ensayo histórico sobre la noción de Estado en Chile” (Universitaria: 1981), de una “revolución desde arriba” que es paradójicamente antiestatal. Sus efectos son muy amplios y profundos: no se limitan a las privatizaciones ni mucho menos a un proceso de “subcontratación”. Discrepo en ese sentido a la importancia que el Sr. Correa le da al último fenómeno, al mencionarlo en repetidas oportunidades en su artículo. Como sostengo, los cambios introducidos por Pinochet y sus cómplices, implican asumir a nivel económico el neoliberalismo: la eficiencia del mundo privado (en todas las áreas: salud, educación, previsión), la reducción del aparto estatal, la consagración del principio de subsidiariedad (que, siendo breve, significa que el Estado no debe absorber funciones que pueden ser efectuadas por los individuos o ‘grupos intermedios’), y, a toda costa, la destrucción del “Welfare State”. Lo anterior fue realizado, lamentablemente, con tanto éxito, que es difícil formular una solución a corto plazo. La Concertación, por su parte, ha consagrado drásticamente tanto el modelo económico como el sistema político institucionalizado en la Constitución de 1980: los que proponían la “abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción”, entre ellos Ricardo Lagos, han pasado a la Historia como los que más han privatizado y reforzado el neoliberalismo. Por eso me parece absurdo sostener que Piñera pueda ser “el verdugo del Estado en nuestro país”, sin asumir que los verdugos vienen desde Pinochet pasando por todos los gobiernos de la Concertación (Bachelet podría ser un caso distinto).
Entonces, ¿Existe una salida a nuestra situación actual? ¿Pueden los poderes fácticos ser más fuertes que nosotros, el pueblo? ¿Qué medidas concretas podemos ofrecer para avanzar en estas materias? ¿Sería muy distinto tener a Piñera y la derecha en el gobierno?…. en fin…. ahora ¿Quién podrá defendernos?
Diego Pérez
10 febrero 2009 a 0:42
Pienso que Piñera puede ser el verdugo final de este proceso, porque lo que falta es atacar las entrañas del Estado. La privatización no ha hecho más que detruir la periferia de éste, y en este sentido los gobiernos previos a Bachelet han dejado al aparato estatal enfermo, o si se quiere en coma, pero no muerto. Como dice Carlos aún se puede salvar, y es evitando que las tareas inherentes al gobierno se repartan entre privados (lo que Piñera podría hacer perfectamente dada su faceta empresarial). He ahí la importancia de la subcontratación, que puede ser un fenómeno más funesto en el área pública que en la privada.
Marco
10 febrero 2009 a 0:47
Tal vez el problema más grave no es el fenómeno de la subcontratación en si mismo, sino el rol de importancia y en muchos casos de injusticia que se le da en la sociedad. Este fenómeno se transforma en algo funesto, como menciona Marco, solo cuando el Estado, al delegar demasiadas responsabilidades, deja de tener el control en materias que son parte de la misma “columna” del país; esta falta de control provoca inevitablemente descontento, resentimiento y decepción de parte de las personas hacia nuestra propia capacidad de auto gobernarnos…
Me parecen sabias y acertadas las preguntas esgrimidas por Diego al final de su comentario, en especial aquella sobre ¿quién podrá defendernos?… eso solo el futuro lo dirá, por ahora solo nos queda tener conciencia de la situación que vive Chile y el mundo. Creo fielmente que éste Estado agonizante no morirá mientras los ciudadanos sigan actuando concientemente, es por esto que hay que separar las esperanzas del engaño que nos mostrarán los candidatos a la presidencia… Finalmente recordemos que la presidencia por si sola no puede llevar a cabo, de manera fácil, todos los cambios que pueden terminar con el Estado, para eso es necesario la ayuda del Congreso, es por lo mismo que es nuestra responsabilidad elegir bien no solo a nuestro próximo presidente, sino también (en el futuro) a nuestros representantes en el Congreso.
Carlitos!!!
10 febrero 2009 a 13:02
[...] Los ataques terroristas del 11/S abrieron las puertas a la liberalización del Estado, lo que se ve en la creciente subcontratación de la guerra en Irak (que abordé en un pasado artículo, “El ocaso del Estado”). [...]
La doctrina del shock « The Revenge (βeta)
10 febrero 2009 a 15:17